La masiva explosión de un coche bomba en Afganistán, en la sureña provincia de Helmand, el jueves, dejó por lo menos 29 muertos y más de 60 heridos.

Testigos dijeron que soldados y empleados del gobierno se habían reunido frente al Nuevo Banco de Kabul en la capital provincial de Lashkargah para cobrar sus salarios cuando estalló la bomba.

Omar Zwak, un portavoz del gobierno provincial, dijo a la Voz de América, que algunos de los heridos “están en condición grave”. Agregó que civiles y personal militar estaban entre las víctimas.

El mortal ataque tuvo lugar en anticipación al festival Eid al-Fitr que tendrá lugar el domingo, que marca el fin del mes sagrado islámico de Ramadán.

No ha habido una inmediata atribución de responsabilidad.

El brigadier general Roger Turner, comandante de la fuerza de trabajo del suroeste, encabezada por EE.UU., condenó el ataque. “Este cobarde ataque fue contra gente inocente cuando hacia fila para cobrar sus salarios en preparación para las celebraciones de Eid al-Fitr”, dijo Turner. “Una vez más, el enemigo ha mostrado su completo desprecio por civiles inocentes con un ataque indiscriminado, causando muerte y sufrimiento”, agregó.

Helmand es la provincia afgana más grande donde la mayor parte del territorio es controlado o influenciado por el Talibán.

El ataque del jueves tuvo lugar un día después que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York fue informado sobre lo último en seguridad y la situación política en Afganistán.

El representante de la ONU para Afganistán, Tadamichi Yamamoto, dijo en la reunión del miércoles que el Talibán está ganando terreno y destacó la urgencia de un “genuino proceso de paz” con los insurgentes.

“El gobierno y el Talibán deben involucrarse directamente entre sí para definir una solución política”, dijo Yamamoto.


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