Una huelga general trastornó el viernes las principales ciudades brasileñas, donde los trabajadores sindicalizados protestaron contra las propuestas del presidente Michel Temer para flexibilizar las leyes laborales y reducir las prestaciones jubilatorias.

En Sao Paulo, los manifestantes bloquearon algunas de las arterias principales e impidieron el acceso al Aeropuerto de Guarulhos, el más grande del país. Más tarde, miles marcharon hacia el ayuntamiento.

El acceso al centro de Río de Janeiro estuvo cerrado en la mañana y los embotellamientos se extendieron 15 kilómetros (nueve millas) desde los puntos donde los huelguistas se encontraban y habían encendido neumáticos.

Mucha gente optó por dirigirse a sus trabajos caminando o en bicicleta.

“Debemos derrotar las reformas laborales y de jubilaciones porque es el regreso a la esclavitud, y tendrás que trabajar hasta que cumplas 100 o 200 años”, dijo Iran de Paula, abogado y miembro del Movimiento de Trabajadores Sin Techo.

Los manifestantes en Río se concentraron frente al Palacio Guanabara, sede del gobierno estatal. Los profesores universitarios exigieron el pago de sueldos atrasados. Miles de empleados públicos en el estado de Río de Janeiro no cobran desde hace meses debido a una crisis presupuestaria.

Entrada la noche, unas 6.000 personas se reunieron en el centro de Río de Janeiro con pancartas en las que censuraban al gobierno federal y exigían las renuncias de Temer y del gobernador estatal, Luiz Fernando Pezao, ambos del mismo partido.

“La felicidad nos acompaña a los brasileños incluso cuando protestamos, pero tiene que llegar el momento en que tenemos que darles más duro, con más fuerza, a esos ladrones que nos gobiernan”, declaró Ivete Franca, profesora jubilada de historia.

Franca dijo que apenas sobrevive con sus ahorros porque no le han pagado la pensión.

La policía disparó cartuchos de gas lacrimógeno y balas de caucho para dispersar a los manifestantes cuando algunos de ellos comenzaban a incendiar pilas de basura.

La huelga afectó otras ciudades importantes como Porto Alegre, Belo Horizonte y Brasilia, la capital.

La propuesta que Temer presentó al Congreso facilitaría a los empleadores la contratación de trabajadores temporales y reduciría las prestaciones.

Los cambios al sistema de jubilaciones elevarían la edad de retiro y también reducirían los pagos.

En la actualidad, muchos empleados públicos pueden jubilarse a los 54 años con casi todas las prestaciones. La reforma fijaría por primera vez una edad mínima para el retiro, de 65 años para los hombres y 62 para las mujeres.

La gente rechaza esas propuestas y se desconoce si incluso cambios más moderados serían aprobados a causa de la profunda crisis política en Brasil derivada de las pesquisas anticorrupción que han resultado en acusaciones contra muchos políticos de alto nivel, incluido el mandatario.

Temer está acusado de recibir sobornos, y la Cámara de Diputados comenzará en breve un estudio de las denuncias en su contra.

Si dos tercios de la cámara aprueban que el caso tiene elementos, Temer será suspendido 180 días mientras la Corte Suprema realiza un juicio. Temer niega haber cometido delito alguno.


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