En 2001, empleando como pretexto los atentados del 11-S, EE. UU. dirigió una coalición internacional para invadir Afganistán, acusando al gobierno talibán de responsable.

En 2014, la coalición abandonó el país, tras catorce años de guerra sin posibilidad de victoria. La más poderosa maquinaria de guerra derrotada por milicias desharrapadas.

Afganistán dejó de ser noticia, pero la guerra ha continuado sin parar. Tampoco la retirada de 

EE. UU. fue total. Lo dicen las cifras de muertos: 75 en 2014; 27 en 2015; 16 en 2016; 7 en lo que va de 2017. 

Desde 2014, los talibanes no han cesado de ganar terreno, controlando hoy casi la mitad del país y propinando severas derrotas al gobierno de Kabul, mantenido por EEUU.

La situación es tal, que EE. UU. y la OTAN planean enviar miles de soldados de refuerzo, para impedir el colapso del gobierno afgano ante el empuje de los talibanes.

Hay más. El Estado Islámico (EI) ha hecho presencia en Afganistán y combate contra los talibanes, por considerarlos herejes. Ahora hay tres frentes de guerra, tres.

Rusia, al parecer, ha contactado con los talibanes, como única fuerza capaz de derrotar al EI. EE. UU. la acusa de armarlos para que combatan contra sus tropas y aliados.

Afganistán es un pozo sin fondo. La CIA creó a los talibanes para combatir a la URSS. Luego creó con Arabia Saudita y Turquía al EI, para hacerse con el control de Siria.

Prodigiosa en sus aciertos, la CIA.

az.sinveniracuento@gmail.com


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